Imagina que un día recibes una foto de tu hijo en una situación que jamás ocurrió; nunca estuvo ahí, nunca dijo eso, nunca posó para esa imagen. Pero ahí está, con una calidad que engañaría a cualquiera. Ese escenario, que hace un par de años sonaba a ciencia ficción, hoy es exactamente lo que mantiene despiertos a la mayoría de los padres chilenos.
Lo dice un estudio recién publicado por Norton (la marca de ciberseguridad de Gen, la misma dueña de LifeLock) que encuestó a mil adultos en Chile entre finales de mayo y mediados de junio de este 2026. El resultado más llamativo: 8 de cada 10 padres (80%) teme que la inteligencia artificial pueda usarse para crear imágenes o conversaciones falsas que involucren a sus hijos. Y no es un miedo aislado de un país paranoico; Chile se ubica justo en la media de los 12 países que Norton analizó a nivel global, por debajo de México (83%) y Brasil (85%), pero por encima de Estados Unidos (67%) o Alemania (61%).
El informe tiene varias capas que vale la pena desmenuzar.
No es que los padres chilenos estén desconectados o no hablen del tema con sus hijos; todo lo contrario. El 84% dice sentirse cómodo conversando sobre riesgos en línea, una de las cifras más altas del estudio junto a Brasil, Colombia y México. El problema no es la disposición a tener la conversación, sino que la conversación ya no alcanza a cubrir todo lo que está pasando.
Un dato lo resume bien es que el 43% de los padres chilenos no confía en que su hijo pueda distinguir entre contenido generado por IA y contenido real. Es decir, casi la mitad de las familias sabe que sus hijos están navegando un terreno donde ya no basta con “no hables con desconocidos”, porque ahora el desconocido puede ser un bot, una cuenta falsa generada automáticamente, o una foto que parece 100% real pero no lo es.
De hecho, entre los padres cuyo hijo ya sufrió ciberacoso, el 35% identificó al agresor como alguien detrás de un perfil falso o que suplantaba a otra persona, y un 8% señaló directamente a una cuenta o bot generado por IA. Ese último número puede parecer chico, pero hace tres años ni siquiera existía como categoría de respuesta.
Cuando uno piensa en riesgos digitales para niños, la mente va casi automáticamente a Instagram o TikTok. Y sí, esas plataformas preocupan (18% y 8% de las menciones respectivamente), pero el verdadero protagonista de las preocupaciones parentales en Chile es otro: los videojuegos en línea, con un 27% de los padres señalándolos como la plataforma que más les inquieta.
Y hay motivos concretos. Entre los padres cuyos hijos juegan con chat de voz o texto habilitado (el 68% del total), más de la mitad (52%) reporta que su hijo ya chateó con un desconocido. Un 30% dice que a su hijo lo invitaron a sacar la conversación del juego y moverla a otra plataforma, típicamente WhatsApp, Discord o Telegram, donde es mucho más difícil que un padre esté mirando. Y un 24% reporta mensajes inapropiados u ofensivos.
Ese salto de “jugando Roblox o Fortnite” a “chateando en privado en otra app” es exactamente el patrón que los especialistas llaman escalada, y es el mecanismo clásico detrás del grooming: ganar confianza en un entorno público y luego moverse a uno donde nadie más puede ver ni interrumpir. Lo complicado es que, para un niño, ese salto puede sentirse tan normal como agregar a un amigo del colegio. No necesariamente lo reconoce como una señal de alerta, y por eso muchas veces ni siquiera lo comenta en casa.
El informe menciona algo que en Chile ya no es hipotético, los delincuentes usan cada vez más fotos generadas por IA o identidades falsas para ganarse la confianza de menores, ya sea para manipularlos y que compartan imágenes reales, que luego terminan siendo usadas para extorsión.
Basta revisar la prensa chilena de este mismo mes: apenas el pasado 5 de agosto, la PDI y la Fiscalía de Tarapacá desarticularon una red de trata y explotación sexual infantil en Iquique y Alto Hospicio, rescatando a 12 víctimas, entre ellas adolescentes de 16 y 17 años. Y aunque ese caso en particular no tiene relación directa con IA, sí retrata algo importante, las redes de explotación sexual infantil siguen activas y evolucionando, y la tecnología les está dando herramientas nuevas para captar y manipular víctimas sin siquiera necesitar contacto físico inicial.
Un detalle legal que pocos padres conocen es que en Chile, la sextorsión como tal no está tipificada como un delito específico. Se persigue combinando otras figuras del Código Penal (amenazas, abuso sexual, extorsión, protección de la vida privada), lo cual complica las denuncias y hace que muchos casos terminen archivados o mal calificados. Los abogados especializados en la materia lo describen así: la investigación se apoya en el artículo 366 quáter, que sanciona el grooming, y en la Ley 20.526, que desde 2011 permite que este delito se configure incluso sin contacto físico entre el agresor y la víctima.
La buena noticia, si se puede llamar así, es que el Congreso finalmente se está moviendo en esta dirección. El 23 de julio de este año, la Cámara de Diputados aprobó en general, con 128 votos a favor, un proyecto de ley que busca regular específicamente los deepfakes y establecer lo que llaman el “derecho a la integridad digital”: nadie podrá usar tu imagen, tu voz o tu cuerpo para crear representaciones falsas mediante IA sin tu consentimiento.
El proyecto, impulsado por la diputada Gael Yeomans, contempla multas que van desde las 5.000 hasta las 10.000 UTM (entre 358 y 716 millones de pesos, aproximadamente) y exige a las plataformas digitales que operan en Chile etiquetar el contenido hecho con IA y designar un representante legal en el país. También obliga a ofrecer un canal rápido para pedir el retiro de contenido, algo clave cuando lo que está circulando es una imagen falsa de un menor.
Eso sí, ojo con las expectativas, el proyecto todavía tiene que pasar por la discusión en particular en la Comisión de Futuro, Ciencia, Tecnología, Conocimiento e Innovación antes de convertirse en ley. Mientras tanto, las familias siguen operando con el marco legal actual, que tiene vacíos importantes justo en los delitos que más preocupan a los padres.
No hay una fórmula mágica, pero sí hay hábitos que marcan diferencia real:
Al final, lo que este estudio deja bastante claro es que la brecha no está en la voluntad de los padres, la inmensa mayoría ya está dispuesta a hablar y, de hecho, lo hace, sino en que el terreno cambió de forma más rápida que las herramientas que tenemos para cuidarlo. La conversación sobre seguridad digital dejó de ser un evento único, la típica “charla” que se da una vez y se cierra el tema. Ahora es algo que hay que ir actualizando, casi al mismo ritmo que la tecnología misma.
Imagen: GPT Images 2.0
Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos requeridos están marcados *
Δ