El período entre Navidad y Año Nuevo se caracteriza como un momento clave para el comercio. Además de un crecimiento significativo de las ventas anuales del sector físico y un fuerte dinamismo en el comercio electrónico, esta combinación de presión temporal, ofertas tentadoras y un alto volumen de transacciones crea un caldo de cultivo para ciberdelincuentes y estafadores digitales, quienes aprovechan la mayor exposición de los consumidores para intensificar sus actividades. Todo esto aumenta el riesgo de fraude online en Chile.
El auge constante de las compras en línea ha traído consigo un incremento del fraude online en Chile. De acuerdo con datos de la empresa de ciberseguridad Kaspersky, en América Latina, el 27% de los usuarios ha sufrido pérdidas económicas por este motivo, con montos que fluctúan entre 100 y 500 dólares.
La situación en el mercado chileno refleja esta tendencia. Leandro Cuozzo, analista de seguridad de Kaspersky para América Latina, indica que el 28% de los consumidores chilenos ha sido víctima de estafas relacionadas con el uso de cuentas bancarias o tarjetas de pago, lo que deja ver que este fenómeno es generalizado y afecta a un gran número de personas.
Para los especialistas, la problemática de las compras por internet no se limita al momento del pago. César Vargas, académico de Derecho de la UNAB y experto en derechos del consumidor, advierte que la compra en línea conlleva múltiples riesgos. Según su análisis, en el comercio electrónico predominan los contratos de adhesión, lo que perpetúa una marcada asimetría contractual entre quienes proveen los bienes y los consumidores.
A esta desigualdad se suma la entrega deficiente de información, que a menudo carece de claridad, veracidad y oportunidad durante el proceso de compra. Estas carencias pueden impactar negativamente la formación del consentimiento y dificultar que el usuario pueda ejercer de manera efectiva los derechos que le confiere la Ley de Protección de los Derechos de los Consumidores, especialmente al enfrentar un conflicto después de la transacción.
Desde la perspectiva del consumidor, los fraudes en las compras en línea presentan diversas formas, adaptándose a las costumbres y expectativas de los compradores. Yerka Yukich, secretaria ejecutiva de comercio electrónico de la Cámara de Comercio de Santiago (CCS), señala que los engaños digitales no siguen un patrón único, sino que se ajustan a los hábitos y expectativas de los compradores.
Entre las modalidades más comunes de fraude online se encuentran:
Además, durante épocas como la navideña, se incrementan las estafas que giran en torno a supuestos reembolsos o problemas con las compras recientes. Poco después de una transacción, el comprador recibe un mensaje sobre un error en el pago o falta de stock, pidiéndole reingresar los datos de la tarjeta para un “reembolso”. Yukich califica esta técnica como una forma de phishing encubierto que se aprovecha de la confianza generada por una compra reciente.
La efectividad de las estafas está estrechamente ligada al comportamiento del consumidor, especialmente durante periodos de alto consumo, como la temporada navideña.
Leandro Cuozzo, de Kaspersky, sostiene que hay varios errores habituales que impulsan el fraude online en Chile, como:
Durante la temporada navideña, estos errores se intensifican debido al aumento natural del gasto y a la avalancha de notificaciones legítimas. Esta sobrecarga de información y transacciones reduce la capacidad de análisis del consumidor, dificultando la detección temprana de movimientos sospechosos en sus cuentas.
Este contexto de saturación retrasa la reacción del consumidor ante un fraude, lo que inevitablemente incrementa el daño económico sufrido, ya que, en palabras de Cuozzo, la capacidad de análisis se ve mermada en un momento crucial.
A pesar de los riesgos inherentes a las compras en línea, los consumidores chilenos están protegidos por la Ley N°19.496 sobre Protección de los Derechos de los Consumidores, que establece un marco legal ante posibles incumplimientos.
Según Carlos Flores, abogado y académico de la Universidad Andrés Bello, el comprador tiene derecho a recibir información completa y transparente sobre el precio total del producto, sus características esenciales, el stock disponible y los costos de despacho. Además, si el cliente opta por el retiro del producto en la tienda física, este servicio debe ser ofrecido de forma gratuita, contrariamente a lo que algunas empresas intentan cobrar.
Por su parte, las plataformas intermediarias deben garantizar la seguridad de las transacciones y proporcionar información veraz a los usuarios. Entre los derechos fundamentales, se destaca el derecho de retracto, que permite al consumidor anular la compra y devolver el producto (siempre que no lo haya usado) en un plazo de diez días desde su recepción. Si el proveedor no responde por escrito a este ejercicio, el plazo se extiende hasta noventa días.
Otro pilar es la garantía legal, cuyo plazo se ha ampliado de tres a seis meses. En caso de productos defectuosos, el consumidor puede escoger entre la reparación del bien, su cambio o la devolución del dinero.
Finalmente, la normativa incluye otros derechos importantes como la seguridad en el consumo, la no discriminación arbitraria y la posibilidad de solicitar una indemnización por daños si el proveedor incumple sus responsabilidades.
Imagen: GPT-5
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