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Desmontar mitos sobre el metaverso es bastante sencillo, porque todo el concepto está envuelto en una aureola mítica, casi mística, que lo ha convertido en un concepto más de moda que contar chistes chorras en TikTok. Y claro, basta que algo sea trendy para que se apunte al carro hasta el gato de la tía Ramona.

Lo cierto es que todos los días leemos titulares como «la empresa eléctrica Tetimamosconlaluz.com abre una sede en el metaverso» o «pronto podrás comprar tu coche en el metaverso» y otras chorrad  noticias por el estilo. Parece que estar en el metaverso es requisito sine qua non para ser cool. Y uno piensa: ¿me estoy perdiendo algo? ¿Cómo se entra en el metaverso? y ya puestos, ¿Qué narices es el metaverso? Así que antes de hablar de los mitos sobre el metaverso, empecemos por el principio.

¿Qué es el metaverso y de dónde ha salido?

El metaverso es, básicamente, un concepto. Y como tal, puede ser casi cualquier cosa relacionada con dos tecnologías: la realidad aumentada y la realidad virtual. Si hay que dar una definición, podríamos decir que el metaverso es un espacio virtual inmersivo en el que el usuario puede interactuar, sea éste un gemelo digital de la realidad tangible o directamente un universo paralelo con sus propias leyes. Si veis la peli Ready Player One de Spielberg, Oasis (un trasunto de un Facebook en realidad virtual y, probablemente, el sueño húmedo de Mark Zuckerberg) es un ejemplo práctico de metaverso. Y, por supuesto, Matrix es el culmen del metaverso en versión gemelo digital.

Cómo mola este metaverso, si no se distingue en NADA de la realidad!

El término «metaverso» es un invento del escritor de ciencia-ficción Neal Stephenson (uno de los grandes con G mayúscula del género) que lo introdujo en su novela Snow Crash allá por 1992. Novela que, todo sea dicho, es un clásico del cyberpunk bastante loco en el que el protagonista es un repartidor de pizzas capaz de liarse a tiros con tal de entregar las pizzas a tiempo. Porque en un futuro distópico, una pizza caliente sigue siendo una pizza caliente. Hablo de la palabra, no de la idea de metaverso, que es heredero del «ciberespacio», concepto acuñado por otro escritor del género, en este caso William Gibson, que lo usó por primera vez en su novela Neuromante nada menos que en 1984, año en el que la mayoría de vosotros no habíais nacido y yo ya tenía 12 años y soñaba con someter el mundo a mi voluntad cuando fuera mayor. Y aquí me veis.

Vale, ya sabemos más o menos lo que es el metaverso. Y ahí es cuando llega Meta (ex-Facebook) y nos dice que el futuro es el metaverso y que van a invertir chorrocientos mil millones de dólares en crearlo. Anuncio que llegó en medio de una crisis de reputación brutal, con el gobierno de Estados Unidos investigándole por monopolio y las acciones cayendo. Hacía falta una apuesta muy gorda para revitalizar la moral de los accionistas y, qué cosas, llegó justo en el momento oportuno. Y claro, los mitos sobre el metaverso entraron en escena.

A raíz de esto, «el metaverso» ha empezado a aparecer por todas partes. Lo cual está muy bien, si no fuera por un pequeño, ejem, problema: No existe. Antes de que saquéis el lanzallamas: lo que existen son muchos «metaversos» con distintos tipos de posibilidades, pero no están interconectados entre sí. Estamos en una  carrera que pone en cuestión uno de los pilares básicos de internet: una red abierta, descentralizada y que no es propiedad de nadie, con estándares comunes de acceso que cualquiera puede utilizar. La idea de metaverso que la mayoría de las empresas tienen en mente no se parece demasiado al internet que hoy conocemos, sino a sistemas propietarios controlados por una empresa o corporación. Algo bastante alejado del concepto de neutralidad de la red.

Vamos a desmontar algunos de los mitos sobre el metaverso más comunes, para que todos nos situemos en el escenario actual y en los posibles futuros.

Mitos sobre el metaverso

1. El metaverso es una idea genial de Mark Zuckerberg

Más quisiera él. Absolutamente no, o sea, pero super para nada. Primero de los mitos sobre el metaverso.  Lo que Meta ha hecho es vender algo que ya existe, y desde hace mucho. El primer metaverso como tal que se hizo popular fue SecondLife, ni más ni menos que en 2003. De hecho, aún existe, aunque reciclado en un marketplace. Tenía muchas de las características de lo que hoy llamamos metaverso: gráficos en 3D, universo paralelo, avatares que podías personalizar, interacción con otros avatares, objetos o incluso terrenos que comprar… Hasta algunos políticos se crearon un avatar para hacer campaña electoral en SecondLife. Por supuesto, aunque descargar la aplicación era gratis, había que pagar por casi cualquier cosa, desde comprarle ropa molona a tu avatar a construirte una casa o abrir una discoteca, algo que se mantiene (y probablemente se mantendrá)  en el/los metaversos actuales y futuros. Otro ejemplo más actual y muy popular: Fortnite, que ha dejado de ser un simple videojuego para llegar mucho más lejos. Hay muchas otras plataformas interactivas que se pueden calificar como «metaversos», demasiadas incluso para mencionarlas todas, pero Sandbox o Decentraland son dos buenos ejemplos.

2. El metaverso ya está aquí

Nein, que diría Angela Merkel. Este es uno de los mitos sobre el metaverso más extendidos. Si entendemos el metaverso como una experiencia inmersiva de realidad virtual en la que el usuario puede experimentar que se encuentra en un universo alternativo con todos sus sentidos. no estamos ni de lejos en esa fase porque la tecnología que lo permitiría o bien está en pañales o es tremendamente cara. El número de personas que cuenta con gafas de realidad virtual es anecdótico, y las gafas sólo cubren un sentido, que es el de la vista. Los guantes táctiles existen, pero son astronómicamente caros y se reservan, por el momento, para aplicaciones en el campo de la ingeniería y la investigación. Una experiencia realmente inmersiva necesitaría de, como mínimo, lo siguiente:

  • Unas gafas de realidad virtual que sean cómodas y no un armatoste enorme como las actuales
  • Guantes táctiles a precios asequibles
  • Algún tipo de plataforma que permita caminar sin moverse del sitio
  • Y ya puestos, un traje sensorizado que detecte movimientos del resto del cuerpo y transmita las sensaciones táctiles correspondientes
  • Alternativamente a todo esto: Un sistema de proyección holográfica o algún otro tipo de interfaz que permita interactuar en un entorno puramente virtual sin necesidad de llevar gafas, guantes o trajes

Por si todo esto fuera poco, ni las redes (ni siquiera las 5G) ni los dispositivos actuales con los que contamos tienen la potencia suficiente para soportar «un metaverso» único, una especie de internet en realidad virtual, al que todo el mundo se conecte. Sólo tenéis que pensar en los videojuegos actuales y el el pastón que cuestan los ordenadores «gaming» con la potencia gráfica necesaria para tener una experiencia mínimamente fluida. Y si hablamos de las redes, ¿por cuánto habría que multiplicar la capacidad de transmisión de datos para que un metaverso universal funcione? No digo que en un futuro más o menos próximo no sea posible, pero el estado de la tecnología accesible para todos que tenemos a día de hoy no lo permite.

Piensa un poco: Si de cada 10 veces que decimos «Ok Google, añade patatas a la lista de la compra» en tres de ellas  lo que nos dice es «Esto es lo que he encontrado en internet para ánade», está la cosa como para hablar de metaversos reales. Insisto: este es uno de los mitos sobre el metaverso que se difunden más interesadamente por las empresas que están en ello.

Los ánades se han convertido en una de las palabras más buscadas de internet. ¿Adivináis por qué?

3. El metaverso será una fuente de negocios multimillonarios

Las criptomonedas, el blockchain, los NFTs y otras tecnologías digitales son una fuente muy prometedora de ingresos… y también de burbujas especulativas. Y si algo nos ha enseñado la historia económica es que las burbujas se repiten. La hubo en los noventa con el auge y descalabro de las puntocom y los portales de internet, que también iban a ser la repanocha y acabaron en estrepitosos fracasos. Como todo avance tecnológico, al metaverso hay que cogerlo con pinzas. Puede que triunfe y puede que no. El hecho de que muchas empresas que no saben dónde meter su dinero estén invirtiendo febrilmente en ello no es garantía de nada. La lógica inversora se basa, fundamentalmente, en mantener o incrementar el precio de las acciones en primer lugar y, sólo despues, en invertir en activos que puedan hacer crecer el negocio. La historia de internet está llena de profecías no cumplidas (¿cuántas veces se ha predicho la muerte de Facebook en los últimos 10 años?). Que esta lo sea o no, está por ver, pero creo que el entusiasmo con que ha sido acogida tiene más que ver con algo tan poco racional como «tonto el último» que con expectativas realistas de uso masivo a corto plazo. Porque por mucho que se invierta, si los usuarios no lo adoptan, no funcionará. Ahí están las Google Glass, que iban a ser la repera, para demostrarlo. Cuidado con las predicciones demasiado entusiastas.

4. El metaverso es un invento demoníaco para alejarnos totalmente de la realidad y tenernos entretenidos

Para ese viaje no hacían falta tantas alforjas, porque si tenemos esa visión negativa de la tecnología, podríamos pensar lo mismo de las redes sociales, de los smartphones, de internet, de la televisión, del teléfono, de los coches, de la imprenta, del telescopio o de la absurda teoría de que la Tierra es redonda cuando sólo hay que salir a la calle para ver que es plana. Culpabilizar a la tecnología del uso que las empresas (y los usuarios, no lo olvidemos) hacen después de ella es matar al mensajero. La tecnología en sí ni es buena ni mala, es una herramienta que permite hacer cosas buenas o malas. Ejemplo: Twitter o Facebook son malísimos porque permiten difundir fake news y manipular la opinión de la gente. Sin embargo, gracias a ellas nos enteramos de muchas cosas que sí son ciertas en tiempo real, además de ser una vía de contacto permanente entre amigos o familia que no tenemos cerca. Todo tiene dos caras y el metaverso también.

5. El metaverso acabará con el internet libre y gratuito que conocemos

Otro de los mitos sobre el metaverso que está bastante extendido, pero que tiene pocos visos de convertirse en realidad. Eso es lo que las empresas que están invirtendo en ello querrían: que SU metaverso se convirtiera en EL metaverso. Ojo, opinión personal —> Al final las empresas tendrán que ponerse de acuerdo y crear un estándar único para que exista un metaverso como tal. Sencillamente, porque si no no funcionará. Y además los gobiernos no lo permitirán. Es posible que experimentemos fases de transición en las que existan esos metaversos propietarios, pero al final, si es que la idea cuaja y se generaliza su uso, empresas como Facebook o Google no pueden aspirar (y creo que lo saben) a que el metaverso global sea el suyo. Mientras eso sucede, le sacarán partido a su inversión. Otra cosa es que en un metaverso global se generalice lo que ya existe en muchos casos: los micropagos para desbloquear funciones o adquirir objetos que sí nos venderán empresas. Hay todo un universo de posibilidades que se irá concretando en los próximos años, pero la neutralidad de la Red es algo tan arraigado y conveniente, sobre todo para los que mandan, que dudo que sean tan estúpidos como para cargársela.

6. Es el momento de invertir en propiedades en el metaverso

¿En cuál de ellos? ¿Cuáles de los existentes perdurarán y cuáles desaparecerán? Una cosa es invertir en activos digitales como los NFT o las criptomonedas (y aún así,  son inversiones de altísimo riesgo sólo aptas para quienes realmente conocen ese mundo) y otra muy distinta es comprarte una parcela o una isla o un cacho de un Marte virtual en una plataforma de la que desconoces cuál va a ser su recorrido futuro. No digo que no sea el momento, sólo digo que lo hagas si realmente te sobra el dinero, pero yo no fiaría mis ahorros a algo tan volátil y, valga la redundancia, etéreo. Al menos no a día de hoy.

Conclusión: El presente es menos de lo que parece y el futuro está por ver

Creo que es bueno acoger todas las noticias sobre el metaverso con un sano escepticismo. Eso no significa renegar de ello ni quitarle un ápice de sus posibilidades. Nadie niega el futuro de las tecnologías de realidad virtual ni de la inteligencia artificial, pero la mayoría de noticias que leemos sobre «fulanito abre una tienda o una sede en el metaverso» no son más que empresas que desembarcan abriendo su tienda virtual en una de las plataformas actuales o que venden productos para personalizar avatares en entornos de videojuegos. No, de momento no puedes ir a hacer la compra en un supermercado en realidad virtual y que luego te llegue a casa (o a lo mejor sí y yo no lo sé, a mí no me miréis).

Lo que sí es un hecho es que los metaversos interactivos ya llevan algún tiempo funcionando en los entornos de la ingeniería en forma de gemelos digitales, que han demostrado de sobra su utilidad para mejorar el rendimiento en procesos productivos o en campos como la gestión del tráfico y los servicios públicos en grandes ciudades, por poner dos ejemplos.

Sea como sea, nos toca esperar y ver. Probablemente no haya que esperar demasiado, pero tampoco esperéis poder sumergiros en un universo virtual el año que viene.

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