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Bueno, el problema con el cambio climático no lo tiene el eCommerce, sino la humanidad en su conjunto, no vayamos ahora a demonizar el eCommerce como responsable del cambio climático.

Pero todos, empresas y ciudadanía, tenemos nuestra parte de responsabilidad en asegurarnos de  que el peor escenario (el apocalíptico, el de Mad Max, y esto NO es broma) no llegue a a ocurrir.

El tiempo se nos acaba, así que es hora de que todos pasemos de las palabras a los hechos. Si hablamos de eCommerce y cambio climático, en principio una tienda online no se diferencia demasiado de una tienda física: ambas dependen de una cadena logística y, si bien es cierto que la distribución de productos desde el eCommerce es una fuente de emisiones de CO2, también lo emitimos cuando nos desplazamos a una tienda física a comprar, a no ser que vayamos andando o en vehículo no contaminante.

El demonio está en los detalles. La carrera en la que están inmersos los grandes del eCommerce por realizar las entregas lo más rápido posible prima la rapidez sobre la eficiencia en el transporte.

Esto significa el uso del avión en lugar de vehículos terrestres en muchas ocasiones, o no aprovechar la totalidad del espacio de carga de un camión o furgoneta de reparto.

Ese es uno de los motivos por los que Amazon lleva tiempo probando el reparto con drones: aprovechan al máximo su capacidad de carga al tiempo que no emiten gases de efecto invernadero de forma directa. Y además les sale más barato.

eCommerce y cambio climático: qué pueden hacer las empresas

Centrándonos en el eCommerce y cambio climático, las tiendas online, grandes o pequeñas, pueden hacer muchas cosas en dos ámbitos: reducir sus propias emisiones de CO2 y ayudar al consumidor a que las reduzca.

Para eso deben cumplirse cuatro principios básicos: cuantificar, informar, reducir y compensar.

Cuantificar

Ninguna empresa puede marcarse un objetivo de reducción de emisiones de CO2 (y otros gases de efecto invernadero, como el metano) si no realiza un inventario previo de emisiones.

No se puede controlar lo que no se puede medir, pero las emisiones de CO2, tanto directas como indirectas, sí son medibles. Saber cuánto CO2 emitimos como consecuencia de nuestra actividad comercial es el punto de partida para cualquier estrategia de reducción.

Para ello debemos distinguir entre emisiones directas (por ejemplo, fruto de sistemas de calefacción basados en combustibles fósiles, de la distribución de nuestros productos hasta el cliente, del uso de vehículos de empresa, etc. Esto suponiendo que no seamos productores, claro) y emisiones indirectas (emisiones derivadas del transporte de mercancías desde el proveedor, consumo de energía eléctrica, agua, gas, etc.).

Informar

Como ya hacen muchas compañías aéreas, proporcionar información al cliente sobre la huella de carbono que va a dejar su pedido es una buena estrategia que permite al cliente concienciado ecológicamente (que deberíamos ser todos) comparar entre distintos proveedores.

La transparencia en el caso del eCommerce y el cambio climático debe ser la máxima posible ya que, cada vez más, la huella ecológica se está convirtiendo en un factor importante a la hora de decidir una compra.

Para esto necesitamos información de las empresas de logística con las que trabajemos sobre sus medios de transporte y forma de actuar en función de la distancia a la que se encuentre el cliente final.

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Aquí hay que distinguir entre huella de carbono de la distribución y comercialización (que es lo que hacen la mayoría de tiendas de eCommerce) y la huella de carbono de la fabricación del producto, algo que no entra dentro de las emisiones atribuibles a la empresa vendedora.

Reducir

Una vez sabemos cuánto CO2 estamos emitiendo, podemos plantearnos objetivos de reducción. Mi recomendación es que esos objetivos sean ambiciosos y que se hagan públicos como parte de una estrategia de responsabilidad ambiental empresarial.

Hay muchas y variadas formas de reducir las emisiones, empezando por comprobar qué tipo de energía compramos. Hay muchas comercializadoras de electricidad que ofertan energía 100% procedente de fuentes renovables, lo que reduce drásticamente nuestra huella de carbono.

Pero podemos hacer mucho más, como eliminar o reducir al máximo el uso de papel y plásticos, reducir el consumo de electricidad, agua y gas (a veces es tan simple como ajustar la climatización de nuestra oficina y/o almacén a 19 grados en invierno y a 24 en verano), reducir los desechos y facilitar su reciclaje… pero, sobre todo, actuar en la logística.

En el campo logístico es donde, como mínimo, debemos dar opciones al cliente. Si recibir el producto en 24 horas supone emitir el doble de CO2 que recibirlo en 4 días, muchos clientes se lo pensarán.

La entrega en puntos de recogida también es una opción que debería ser preferente si hablamos de eCommerce y cambio climático, ya que reduce mucho el número de kilómetros que tienen que recorrer las furgonetas de las empresas de paquetería. A menos kilómetros, menos emisiones.

Además, ya existen alternativas de transporte de pequeño volumen 100% eléctricas o híbridas. Podemos verificar qué tipo de vehículos utiliza la empresa de paquetería con la que trabajemos y dar prioridad a estas modalidades de transporte no contaminante.

Por otro lado, eliminar plásticos de los paquetes, sustituir las cajas de cartón normal por cartón reciclado y, sobre todo no sobreempaquetar el producto (e incluso contar por qué no lo haces) son opciones que reducen consumos, emisiones indirectas residuos. Tres beneficios de una tacada.

Compensar

Dado que la emisión cero de CO2 no es posible, sí podemos hacer que lo sea la emisión neta de CO2. De nuevo entra en acción la responsabilidad ambiental empresarial. La única forma eficaz y probada a día de hoy para retirar CO2 de la atmósfera es plantar árboles.

Como la mayoría de empresas no pueden plantearse comprar terrenos y dedicarse a reforestarlos, sí pueden colaborar con ONGs, e incluso empresas, que se dedican a esas tareas, y anotarse como compensación la retirada de dióxido de carbono de esos árboles plantados. Es una cuestión de voluntad.

En cualquier caso, el sector del eCommerce no puede ser ajeno a la situación de emergencia climática. El cambio climático es el mayor desafío de nuestro tiempo y estamos en un momento decisivo. Y no lo digo yo, lo dice la ONU.

El momento de actuar es ahora si no queremos afrontar consecuencias irreversibles en un plazo de tiempo más corto del que pensamos.

Imagen: Depositphotos

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