Si compras online en Chile, hay altas probabilidades de que ya estés interactuando con inteligencia artificial, desde el uso de ese chat que te recomienda productos, el algoritmo que decide qué banner ves primero, el sistema que aprueba o rechaza tu compra en cuotas. Y bueno, justo por eso la Cámara de Comercio de Santiago decidió meterle mano al tema con un instrumento pensado exclusivamente para ordenar cómo las empresas usan la IA.
Se llama Código de Buenas Prácticas para el Desarrollo e Implementación Responsable de Inteligencia Artificial, y aunque el nombre suena a documento de 200 páginas que nadie lee, en realidad plantea algo bastante concreto: reglas de juego para que las empresas chilenas no usen la IA a lo loco, sobre todo en temas sensibles como el manejo de datos, la transparencia frente al consumidor y la prevención de sesgos algorítmicos.
El Comité de Comercio Electrónico de la CCS (el mismo grupo que desde 2011 viene trabajando en estándares para el eCommerce local, y que está detrás de eventos como CyberDay y CyberMonday) fue quien empujó esta iniciativa. La presentación oficial se hizo el 24 de agosto de 2026, aunque la idea venía cocinándose desde antes, en abril de ese año, durante el eCommerce Day Chile, el gerente general de la CCS, Carlos Soublette, ya había adelantado que la institución estaba a punto de presentar un código de autorregulación para el desarrollo responsable de la IA. Su argumento era bastante directo, prefería que la industria se regulara sola antes de que el país terminara legislando “desde el miedo y no desde la evidencia”.
Según el gerente de Estudios de la CCS, George Lever, la industria de la IA en Chile es una de las de mayor crecimiento del país, con una expansión cercana al 40% anual, ventas por sobre los US$1.600 millones y más de 8.500 empleos generados. Con esos números, tiene sentido que el gremio quiera ponerle un marco antes de que la cosa crezca sin ningún tipo de control.
Acá está lo interesante para cualquiera que no maneje la jerga legal o técnica. El documento se organiza en seis principios, y cada uno responde básicamente a una pregunta que cualquier consumidor se haría tarde o temprano:
Estos principios buscan generar confianza en el desarrollo y uso de la inteligencia artificial, según explicó la presidenta de la CCS, María Teresa Vial, quien lo describió como un marco vivo capaz de evolucionar al ritmo de una tecnología que avanza rápido. Y esa frase, “marco vivo”, no es solo relleno discursivo; el código contempla que un Consejo de Ética y Buenas Prácticas revise su funcionamiento y proponga actualizaciones, porque lo que hoy parece suficiente en materia de IA, en dos años probablemente ya se va a quedar corto.
No. La adhesión es voluntaria, algo que suele generar dudas sobre qué tanto peso real tiene este tipo de instrumentos. Las empresas que se suman reciben un sello de “Empresa adherida al Código de Buenas Prácticas de IA”, una especie de certificación pública de que están jugando bajo estas reglas. Es el mismo modelo que la CCS ya venía aplicando con su código de eCommerce, que también funciona por adhesión voluntaria para el resto del mercado (aunque es obligatorio para los miembros del Comité de Comercio Electrónico).
De hecho, vale la pena hacer una distinción, unos meses antes, en septiembre de 2025, la CCS ya había actualizado su Código de Buenas Prácticas para el Comercio Electrónico (el que regula temas como devoluciones, publicidad y protección al consumidor) y ahí incorporó, entre otras cosas, reglas sobre transparencia algorítmica y uso responsable de la inteligencia artificial. El código de agosto de 2026 es un paso más allá, un instrumento dedicado exclusivamente a la IA, con principios propios y su propio consejo de seguimiento, no solo un capítulo dentro de un código más general.
Pensemos en un ejemplo cotidiano. Supongamos que entras a una tienda online un domingo a las 11 de la noche buscando zapatillas, y el sitio te muestra un precio “personalizado” distinto al que vio tu amigo esa misma tarde. O que aplicas a un crédito de retail y el sistema te rechaza en cinco segundos sin explicación alguna. Esos son, justamente, los escenarios que el código intenta poner sobre la mesa: que el consumidor sepa que hay un algoritmo de por medio, entienda (al menos en términos generales) cómo funciona, y tenga la certeza de que no lo están tratando distinto por motivos que no debieran importar.
No es que el código vaya a resolver esto de un día para otro (la adhesión voluntaria tiene sus límites, seamos honestos), pero sí marca una línea base para las empresas que se adhieran que están comprometiéndose públicamente a explicar sus algoritmos, cuidar los datos y evitar la discriminación algorítmica. Y para el consumidor, ese sello se convierte en una señal, algo similar a lo que ya pasa con certificaciones de seguridad o de protección al cliente en otros rubros.
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Mientras la CCS avanza con su modelo de autorregulación, en el Congreso sigue su curso el proyecto de ley que busca regular integralmente la inteligencia artificial en Chile, iniciado por mensaje presidencial en mayo de 2024. La iniciativa establece principios obligatorios, prohíbe usos de riesgo inaceptable, fija exigencias para sistemas de alto riesgo y contempla multas de hasta 20 mil UTM, además de un régimen de responsabilidad civil. Ya pasó por la Cámara de Diputados y, a la fecha, sigue su segundo trámite constitucional en el Senado.
Esto explica bastante bien la lógica detrás del código de la CCS, es, en parte, una carta de adelanto frente a lo que se viene desde el Estado. Si la industria demuestra que puede autorregularse de forma seria, la esperanza del gremio es que la futura ley termine siendo menos rígida, o al menos más alineada con lo que el sector ya viene aplicando por su cuenta.
El Código de Buenas Prácticas en IA de la CCS no es una ley ni tiene sanciones asociadas, pero sí es una señal clara de hacia dónde va el comercio electrónico chileno en esta materia: transparencia, cuidado de datos y algoritmos que no discriminen. Si eres consumidor, vale la pena empezar a fijarte en ese sello cuando compres online. Y si trabajas en una empresa que usa IA para vender, atender clientes o tomar decisiones automatizadas, este código probablemente sea el primer borrador de reglas que en algún momento (con la ley de IA en camino) dejarán de ser opcionales.
Imagen: GPT
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