Probablemente, el titular de este artículo te haya llamado la atención: llevamos ya un par de años subidos a la revolución de la IA y parece innegable que esta tecnología está cambiando para siempre nuestra forma de escribir, estudiar, crear imágenes, crear vídeos, analizar datos y, claro, trabajar. Su impacto parece incuestionable. Y sin embargo, la realidad, según un nuevo estudio, es mucho menos halagüeña. Sobre todo, si nos fijamos en cómo algunas empresas están trabajando para integrarla en su negocio.
El estudio, titulado The GenAI Divide: State of AI in Business 2025 y publicado en julio de 2025 por el MIT (Instituto de Tecnología de Massachussets), destapa una sorprendente verdad: a pesar de los miles de millones de dólares (o euros) invertidos, el 95% de los proyectos piloto de IA no está generando ningún retorno de la inversión.
De hecho, la mayoría ni siquiera llegan a producción. Solo un 5% de las iniciativas están generando un valor real. Esta división, que el informe denomina la “brecha de la IA generativa”, no se debe a la tecnología en sí, sino a un enfoque equivocado por parte de las empresas.
Aunque más del 80% de las empresas han explorado el uso de herramientas de IA como ChatGPT o Copilot y el 40% las han implementado, solo unas pocas han logrado un impacto significativo en sus negocios.
El informe, basado en una revisión sistemática de más de 300 iniciativas de IA divulgadas públicamente, entrevistas estructuradas con representantes de 52 organizaciones y respuestas a encuestas de 153 directivos sénior, revela que únicamente dos sectores, Tecnología y Medios, muestran señales claras de disrupción a través de la IA. En los otros siete sectores estudiados (salud, energía, manufactura, servicios financieros, etc.), los cambios estructurales brillan por su ausencia.
En palabras de los autores del estudio “estas herramientas mejoran principalmente la productividad individual, no el rendimiento de la cuenta de resultados. Mientras tanto, los sistemas empresariales, ya sean personalizados o vendidos por proveedores, están siendo rechazados discretamente. El 60% de las organizaciones evaluaron estas herramientas, pero solo el 20% alcanzó la fase piloto y solo el 5% llegó a producción. La mayoría fracasa debido a flujos de trabajo inestables, falta de aprendizaje contextual y desalineación con las operaciones diarias“
Tal y como explica un COO entrevistado por los autores del estudio: “En LinkedIn se habla mucho de que todo ha cambiado, pero en nuestras operaciones, nada fundamental ha cambiado. Estamos procesando algunos contratos más rápido, pero eso es todo”.
El informe derriba varias creencias extendidas:
El informe confirma que la principal barrera no es infraestructura, talento ni regulación, sino la incapacidad para integrarse en la mecánica del negocio. Así, el estudio explica que la mayoría de las herramientas para empresas actuales no retienen feedback, no recuerdan contexto y no se adaptan bien a los flujos de trabajo. La brecha no está en la inteligencia, sino en la memoria, la adaptabilidad y la capacidad de evolucionar.
En las entrevistas realizadas por el MIT, los directivos hablaron de experiencias positivas con herramientas masivas como ChatGPT y Copilot, por su flexibilidad, familiaridad y utilidad inmediata. Sin embargo, estos mismos usuarios se mostraron muy escépticos con respecto a las herramientas de IA ofrecidas por proveedores, describiéndolas como frágiles, sobredimensionadas o desalineadas con los flujos de trabajo reales. En palabras de un CIO: «Hemos visto docenas de demos este año. Quizás una o dos sean realmente útiles. El resto son envoltorios o proyectos científicos».
El resultado es que, en tareas críticas y de largo plazo, los humanos siguen siendo la primera opción frente a la IA, por un margen de 9 a 1. En cambio, la IA ya ha ganado la batalla por el trabajo más sencillo: el 70% la prefiere para redactar correos electrónicos y el 65% para el análisis básico.
A pesar de los fracasos de las iniciativas corporativas, el 90% de los empleados encuestados usa ChatGPT, Claude u otras herramientas de consumo con cuentas personales, frente al 40 % de las empresas que pagan suscripciones oficiales. Este fenómeno, bautizado como la “economía de la IA en la sombra” o Shadow AI, demuestra que los trabajadores utilizan IA diariamente por su cuenta, para automatizar partes de su trabajo. El estudio explica que esta IA en la sombra a menudo ofrece un mejor retorno de la inversión (ROI) que las iniciativas formales.
En cualquier caso, para las empresas, esto puede representar tanto un riesgo de seguridad como una oportunidad perdida: hay interés por el uso de la IA pero no se plasma en herramientas “oficiales”.
El informe muestra que alrededor del 50% del presupuesto en IA se concentra en marketing y ventas —en algunos casos hasta el 70%— porque son funciones con métricas visibles y fáciles de justificar. En estas áreas, las principales tareas que recurren a la IA son:
Sin embargo, los casos de mayor retorno documentados se encuentran en funciones tradicionalmente ignoradas, como operaciones, finanzas y adquisiciones. Los beneficios no provienen de despidos internos masivos, sino de la reducción del gasto externo: automatización de procesos internos, eliminación de contratos de externalización, menos uso de agencias creativas y menor dependencia de consultores.
Según el estudio, las empresas que mejor lo están haciendo en este campo llegan a conseguir:
El informe identifica dos factores clave entre las organizaciones que logran resultados reales:
Imagen: ChatGPT
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