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Elon Musk está elevando hasta límites impensables el nivel de dramatismo de la comunidad tuitera (entre la que me encuentro). No vamos a recordar ahora sus idas y venidas de los últimos meses: basta con que eches un ojo a lo que ha sucedido en la noche del jueves al viernes en España para comprobar que el terremoto Musk sigue generando réplicas cada vez más potentes.

Lo último ha sido una nueva sucesión de catastróficas desdichas desencadenada, otra vez, por su forma de entender los negocios, que algunos de los propios usuarios de la red están siguiendo con la mayor de las dedicaciones, generando hilos tan interesantes como este. De forma resumida, un email enviado a los empleados exigiendo un compromiso con un nuevo estilo de trabajo basado en largas horas de trabajo y un esfuerzo extremo: “Esto significará trabajar muchas horas a alta intensidad”, dijo. “Solo un desempeño excepcional constituirá un aprobado”. Los que no respondieron afirmativamente antes de las 17.00 del jueves (hora del este de EEUU) serían despedidos.

Y muchos, hartos de las formas y las decisiones de Musk han optado por decir adiós a su trayectoria en Twitter. Algunos han publicado vídeos como este para recordar el momento. Otros han tomado medidas más imaginativas… y extremas, como puedes ver en este vídeo.

Es difícil saber a estas horas cuál ha sido el impacto de este gran éxodo de trabajadores (recordemos que no hace mucho el propio Musk despidió a media plantilla, dejando sin empleados a departamentos enteros) pero algunas fuentes hablan de que apenas quedarían unos cientos disponibles y que Musk estaría intentando negociar con algunos de los que se han ido para seguir manteniendo en marcha áreas vitales de la red.

Y claro, en algo tan propio de Twitter como la metacrónica, la lista de trending topics de la red social se ha llenado de conceptos como «TwitterOff», «Cierra Twitter», «Mastodon» o, claro, «Elon Musk», a la que se han sumado incluso algunas marcas.

Pero, más allá de si el funcionamiento de Twitter es viable tras perder a un gran volumen de sus empleados, lo que deja esta nueva crisis es un sentimiento realmente positivo y poco previsible para muchos de los que suelen hablar despectivamente de esta red social: queremos a Twitter, nos importa Twitter (en su justa medida) y queremos que siga existiendo.

Por qué necesitamos que siga existiendo Twitter

De entre todas las grandes redes sociales, Twitter es la más democrática, accesible e instantánea. Hay perfiles privados y hay conversaciones limitadas a ciertos grupos de seguidores, pero en general, Twitter sigue siendo la forma más sencilla y rápida de difundir información y expresar y conocer opiniones y tendencias sobre, literalmente, cualquier cosa: desde ciencia a historia, desde cine a música.

Si de repente Twitter dejase de existir echaríamos en falta esos hilos infinitos sobre arquitectura, arte clásico, anime, astrofísica, política o ciencia con los que tanto disfrutamos. Esos momentos de catarsis masivas alrededor de trending topics basados en eventos de masas, ya sea un mundial, la entrega de los Oscar, Eurovision… o una gala de OT, GH o la Isla de las tentaciones. Twitter se ha convertido en un reflejo de la cultura popular actual.

La aportación de Twitter en movilizar la opinión social alrededor de movimientos solidarios y de colaboración ciudadana como vimos con el #BlackLivesMatter o, sin ir más lejos, durante la pandemia por ejemplo, fue inestimable, por mucho que los críticos de la red la acusen de haber servido de canal de difusión de bulos. Evidentemente, esta facilidad de difusión y viralización de los contenidos (solo superada, en otro ámbito y formato completamente distinto por TikTok) ha sido aprovechada por indeseables para difundir información falsa (especialmente en el ámbito político), contenidos de odio o realizar acoso online. Pero todo eso era (o es) solucionable o al menos amortiguable.

¿Alguien se imagina cómo habría cambiado el debate político en España en los últimos años de no haber existido Twitter?

Y no, no hace falta que me busques este meme, ya lo pongo yo, aunque no esté de acuerdo con él, en este caso. Pero de eso se trata Twitter también: de explotar el sarcasmo, la autocrítica, la parodia y llevar la imaginación aplicada a la comunicación a su máximo nivel.

Sin Twitter difícilmente conoceríamos a ElHematocrítico, ElBarroquista o ElZulista, por ponerte tres ejemplos de cuentas a las que sigo y que han ayudado a modelar mi visión del mundo en los últimos años. No habríamos tenido las historias virales de Manuel Bartual. Sin Twitter no habríamos asistido a las idas de olla y epic fails de Sergio Ramos o Iker Casillas. No podríamos haber conocido de primera mano y sin intermediarios las opiniones de Obama o Trump (añada aquí su político tuitero de referencia). Sin Twitter los medios de comunicación nos perderíamos un canal vital de difusión de nuestros contenidos. Nos perderíamos la oportunidad de decir aquello de «arden las redes».  Nos perderíamos una forma rápida y sencilla de conocer qué opinan 300 millones de personas sobre el mundo en el que viven, sus gustos e intereses.

Nos perderíamos una ventana abierta al mundo en un mundo que cada vez necesita más ventanas abiertas.

Necesitamos que siga existiendo Twitter.

 

 

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